Estoy en Valladolid. Mañana se casa una amiga mía. Voy a estar muy poco aquí. He llegado hoy y me voy el domingo. Me siento como cuando vivía aquí, en esta ciudad. Es una sensación extraña. Aquí, delante del ordenador, pasé etapas de mi vida en las que no sabía qué hacer con ella. No sabía hacia donde dirigirme. Estaba perdida profesionalmente hablando.
Actualmente ya no estoy perdida. Sé que caminos puedo escoger y valoro y sopeso lo que me puedo encontrar. He decidido tomar el camino de la aceptación. Que Dios me ayude a mantenerme fuerte. He decidido actuar, aunque lo voy a pasar mal y en más de una ocasión querré tirar la toalla. Ruego a Dios que me ayude a no dispersarme más de lo normal, o lo mínimamente concebido como "normal".
Desde Valladolid, con cielo nublado, me despido hasta la próxima conexión; amigos.
Me ha gustado escuchar en un programa de radio algo así como que es importante comportarse de acuerdo a tu ideal. De acuerdo a tus patrones mentales. Si pierdes amigos, quizá no eran tan amigos. Pero seguramente eran personas que tenías que conocer para que te enseñaran algo. Si las perdiste por tu forma de actuar; seguramente es porque te comportaste de acuerdo a tus principios. Uno no puede traicionarse a si mismo.
Por mucho dolor que te produzca la pérdida, por muchas cosas que no logres entender; trata de verlas como algo importante para tu proceso evolutivo emocional. Ahora no sale el sol, porque tienes que pasar tu duelo. Pero cuando llegue su momento; se irán los nubarrones y el tiempo sin tiempo y brillará el sol para ti.
Mi amiga Débora ha pasado una semana en Barcelona. A esta hora hará un par de horas y minutos que habrá llegado a Las Palmas de Gran Canaria; de donde es ella. Es amiga mía desde que estudíabamos en la universidad. Ha estado una semana en Barcelona con su marido y sus dos hijos.
Lo hemos pasado bien; aunque para ellos ha sido un fastidio la lluvia. Lo entiendo. A mi también me hubiese fastidiado si me fuese de vacaciones a algún sitio. Pero yo estaba deseando que lloviera.
Lo que más le ha gustado a Débora de Barcelona ha sido el Raval. Ella tiene raíces árabes en sus venas. Y su marido y sus dos hijos también lo son. La madre de Débora es jordana. En el Raval le cambió la cara. Se sentía a sus anchas. A partir de ahora me acordaré siempre de Débora cuando pase por allí.
Como siempre lo analizo todo y trato de buscar causalidades, no casualidades; he llegado a la conclusión que Débora tenía que venir por algo a Barcelona. Hacía ocho años que no nos veíamos. Quizá uno de los fines que estaba escrito es que nos viésemos. Es una de mis mejores amigas de mis años universitarios y una de las mejores amigas que tengo en el mundo. Y una de las que más quiero. Cuando estudiábamos en Bilbao me hacía reir hasta destornillarme. Con ella vi "Dirty Dancing" un día en la tele. Yo ya la había visto. Pero no con ella y fue una tarde memorable. Es una de sus películas favoritas. Viivía todas las escenas. Se sabía los diálogos de memoria. Por aquella época estábamos conviviendo un montón de personas en una casa durante más de quince días. Habíamos dejado los pisos respectivos en junio y habíamos ido a Bilbao a hacer los exámenes de septiembre. Nos quedamos varias personas en el piso en el que vivió Débora durante algunos años de la carrera. No salíamos de fiesta. Estábamos de exámenes, pero pasamos muy buenos momentos entre exámenes, pocas horas de estudio y aprovechando nuestros últimos días en Bilbao antes de volver a nuestras respectivas casas.
Cuando terminó la carrera fui al cabo de un año a verla a Gran Canaria. Lo pasé muy bien con ella. Después de aquello yo viajé cuatro años más tarde con mis padres a Tenerife y un día volé a Las Palmas para ir a verla porque acababa de nacer Naima, su hija mayor.
Esta ha sido la tercera vez que nos hemos visto desde que terminamos los estudios en la universidad. Sé que estaba escrito que nos viésemos. Pero también sé que tenía que venir para enseñarme algo o recordarme otras tantas cosas. A nivel profesional me ha enseñado estos días que hay que perseguir lo que quieres. Ella dice que cada vez que ha querido cambiar de trabajo ha hecho "la ronda" de medios. Cogía el teléfono y llamaba a varios medios de comunicación preguntando si había algo para ella. Estos días he sentido esa fuerza profesional que lleva dentro. A nivel personal me ha enseñado que lo bonito de la vida es el día a día y los momentos diarios que ella nos da. Ayer fuimos a comprar cena para llevar y se quedó con el camarero. Le hizo reir tanto que nos regaló un trozo de pizza. Débora le había arrancado varias sonrisas y risas a ese hombre. Le había hecho reir. Y eso no se paga con nada. Yo también valoro que me hagan reir. Su forma de relacionarse es muy cercana, muy próxima. Habla con todo el mundo como si fueran amigos suyos de toda la vida. Es un ser simpático donde los haya.
La próxima vez que nos veamos será en Canarias. Le debo visita. La voy a echar mucho de menos.
Por qué hay sueños que los vemos claramente en nuestra mente cuando ésta no nos miente. Y sin embargo; por qué hay otros que los imaginamos, los pensamos, pero no los acabamos de ver realizables. Ni siquiera, en nuestra mente. Dicen que atraemos lo que pensamos. Lo bueno y lo malo. Creo que atraemos los sueños que vemos con mayor claridad en nuestra mente; porque eso es lo que realmente deseamos y así nos vemos.
Pero todavía no se ha llevado todo lo de color marrón
y todavía no se ha llenado suficiente el pantano
quedan muchas tormentas más para que la liberación suceda
despúes del chaparrón
salió el sol
pero la lluvia había parado demasiado pronto
por lo que
estoy esperando más tormentas
Ya no estoy triste. Gracias a Dios todo sucede por alguna razón; como dice Laura y muchas personas de hoy en día; de esta era. Fue un placer conocer al niño étnico. Siempre lo recordaré como alguien especial, aunque para entonces él todavía no habrá alcanzado a saber todo lo que lleva dentro.
Pero algún día una luz interior brillará con fuerza porque algún astro lo iluminará
y para entonces; el niño étnico habrá despertado de su letargo
y tocará las notas como siempre lo había soñado
y se dirigirá a ese arco iris donde todas las luces lo seguirán
y su sueño será realidad
y yo descansaré porque él habrá encontrado su camino
(Gracias al tema What a wonderful world de Los Ramonones)
El jueves por la tarde estuve con Pili comiendo un bocadillo en un sitio muy agradable. Están por todo Barcelona franquicias de ese tipo. Pero es la primera vez que me atendió un camarero con amor por la vida. O así lo percibí yo. Para acompañar los bocadillos nos tomamos un vaso de vino cada una. Era una tarde de esas sin viento, ni sol. Hacía un poco de frío. Estuve muy a gusto con ella. Estábamos cerca de la calle Mallorca. "¿Te llevo a casa?", me preguntó. Se refería a si me llevaba en moto. Y yo le respondí: "No gracias. Tengo ganas de andar".
Camino a casa no sé qué hice que me desorienté. Me lo monté mal o perdí la atención o lo que es lo mismo, iba demasiado metida en mis pensamientos. El caso es que no había pérdida posible. De Mallorca o Valencia a Diputación, no hay pérdida. Es todo hacia abajo. Yo estaba en un número muy elevado. Mi número de la calle Diputación es mucho más bajo. Y empecé a desorientarme entre las calles horizontales y las verticales. Estuve en Provença, Roselló hasta en Viladomat, que sólo son dos calles más en perpendicular hacia Diputació. Pero seguía perdiéndome.
Y entonces seguí caminando y caminando y empecé a pensar: "Siempre te estás perdiendo. Nunca encuentras el camino a casa. Como quieres encontrar tu camino en la vida si ni siquiera te sabes orientar en tu propia ciudad". Y seguía andando y andando. Y seguía pensando y pensando. Y empecé a pensar que seguramente estaría en la quinta puñeta. Ni siquiera sabía dónde estaba. Sé que fui a parar a La Monumental. Ya di por perdido que fuera a llegar a casa en cuestión de media hora. Di por sentado que lo mejor era coger el metro, cuando tuviera esa opción. Pasé por una boca de metro. La zona en la que estaba me gustó; así de repente. Así que seguí caminando y pasé cerca de Sants. Había una escultura de esas enormes en medio de una plaza. Con un aire de Miró. Si no era de Miró, era de algún artista vanguardista o quizá sería alguna imitación. Y entonces me di cuenta que no pasaba por esa escultura desde hacía dieciséis años. Desde una vez que David y yo fuimos desde Bilbao a Barcelona para ver a Paz. Desde entonces no pasaba por allí. Ese pensamiento y esa casualidad me hizo sonreir. Pero yo sé desde hace tiempo que la casualidad no existe. Sé desde hace tiempo que todo es causalidad. Y seguí caminando recordando aquella vez que David y yo estuvimos en Barcelona para ver a Paz. Y cuando me quise dar cuenta vi unos indicadores hacia la calle Tarragona. Y a lo lejos se veía Plaça Espanya. Y entonces tomé conciencia que sí iba a llegar a casa por allí y en menos tiempo del que me había imaginado. Ya no me sentía perdida. Por Plaça Espanya se llega antes a mi casa que desde Mallorca, que era por dónde más o menos estaba cuando me despedí de Pili.
Ese día llegué a mi casa muy feliz. Me di cuenta que aunque no encontrara el camino que tenía pensado o los que yo conocía para llegar a casa, si seguía andando, llegaría igualmente. Y eso me hizo sentirme bien.
Hoy me ha llamado David. Por lo tanto no es casualidad que yo pasara por esa escultura. David estaba por llamar. Así que todo pasa por alguna razón en la vida. Ese día yo estaba muy triste. Pero siempre acaba saliendo el sol, cuando menos te lo esperas.
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