Queridos seguidores/as:
He abierto un nuevo blog. Se titula Prensa humanitaria. Pretendo covertirlo en mi periódico. Quiero que sea mi medio en Internet. En él trataré temas sociales, culturales y del medio ambiente con un punto de vista lo más humano posible. Trataré temas de los que no se habla normalmente. Eso es lo que pretendo. Mensualmente quiero que este nuevo proyecto contenga: un artículo de opinión, una entrevista, una información (Mal nombrada en sociedad y en los medios de comunicación: "noticia". La noticia es lo qué ha pasado, el hecho en sí. El género periodístico "información" es el texto que se publica en prensa o la información que se difunde en radio o en televisión), un reportaje y una crónica. Son los cinco géneros periodísticos, que no tengo la oportunidad de poner en práctica debido a que en este país no se valora el título de periodista ni la profesión. Para trabajar gratis sí se valora. Y mucho. Ahora, gracias a Internet, voy a tener la oportunidad de tener mi propio periódico y así podré poner en práctica los géneros periodísticos que aprendí en la carrera.
La dirección es esta: http://almudenama.wordpress.com
En cuanto a El vent està bufant fort, continuaré con él. Este blog nació por pasión por la escritura y por comunicar. No contiene textos de un tipo de género en concreto. He escrito y seguiré escribiendo sobre cómo yo entiendo la vida y cómo ya la vivo o la siento.
Quiero dar las gracias a todos y todas los que me siguen o han seguido, especialmente a Fernando, a Fermí y a mi primo Miguel; ya que son las tres personas que sé que más o menos se han dado una vuelta por aquí de vez en cuando. El vent seguirá. Eso sí.
Todas las propuestas que querais hacerme, temas o informaciones que me querais proporcionar sobre vuestras ciudades y los sitios donde vivís; estaré encantada de difundirlo. Prometo nombrar la fuente, que sereis vosotros/as. Bien, amigos y querido primo Miguel. Os espero aquí y en Prensa humanitaria.
Archivo locutado por Almudena García Arroyo. En este post trato la importancia de hacernos responsables de nuestras propias decisiones diarias siendo auténticos; dejando de lado aquello de "me están mirando". Para ello, he tomado como referencia un tema del grupo de música Barricada que se titula: "Todos mirando" y la frase: "Es la vida y no la muerte la que carece de límites", del libro "El amor en los tiempos del cólera" del escritor colombiano Gabriel García Márquez.
Que disfruten. Y critíquenme, que para eso lo difundo. A los periodistas nos encanta crear polémica o concienciar. Quizá, la una sin la otra no funcionan.
El sábado me pasó algo bonito. Llovía antes de tomar la decisión de salir de casa. Cuando salí seguía lloviendo y yo lo sabía. No cogí paraguas, porque pensé que no sería para tanto. Que pararía pronto y los balcones de las casas del barri de Gràcia me resguardarían durante mi trayecto hacia el destino donde me dirigía.
Mi objetivo era llegar al bar Índex de Gràcia, situado cerca de la Plaça del Diamant. Pensaba que encontraría la plaza caminando hacia arriba; en dirección hacia General Mitre. Creía que estaba cerca de Providència. Providència está situada bastante hacia arriba. Eso es lo que yo pensaba.
Como les he narrado antes, mi objetivo era el bar Índex de Gràcia. Al llegar a la Plaça de la Revolució tocaba decidir si me iba a la Calle Verdi, donde hay unos cines y un bar al que voy cada vez que voy a los Cines Verdi. En esos momentos para mi era lo conocido. Lo que siempre o casi siempre hago cada vez que me doy una vuelta por Gràcia. Tenía que decidir entre ir a esos cines y hacer lo que he hecho muchos sábados o continuar mi ruta hacia la Plaça del Diamant, situada cerca del bar Índex de Gràcia; a donde yo quería llegar.
Finalmente opté por continuar con mi ruta hacia la primera opción que había pensado antes de salir de casa: El bar Índex de Gràcia. Caminé y caminé. La lluvia mojaba mi pelo y mi cara. Tenía la cazadora empapada. Me iba resguardando debajo de los balcones de las casas de Gràcia. Fui a parar a una plaza. Estaba convencida que era la Plaça del Diamant. Hay muchas plazas por todo el barrio de Gràcia. Pero no. No era la Plaça del Diamant. Era una plaça muy bonita. No he pasado muchas veces por ella, pero me gustó mucho. Pregunté a una pareja que pasaba por allí y me indicaron cómo llegar a la plaza que tanto ansiaba hallar. En medio de las explicaciones me perdí. En medio de sus explicaciones me di cuenta que mi destino estaba mucho más lejos de lo que me había planteado y que además lo había dejado atrás. Con aquella lluvia y tenía que retroceder. Di las gracias al señor y la señora y me di la vuelta. Empecé a bajar todo lo que había subido. Seguía perdida.
A la altura del Carrer Encarnació pregunté a una señora por la plaza que buscaba y me dijo que estaba muy cerca. Me dijo: "Está en la Calle Asturias". Esa calle sí la conozco, pensé yo. Y prosiguió: "Esa calle que ves ahí es Verdi. Dos más para allá está la Plaça del Diamant; al lado de la Calle Asturias". Estas explicaciones me dejaron paralizada. Verdi era el segundo destino que me había planteado cuando una hora antes había llegado a la Plaça de la Revolució. Estaba convencida que Diamant y Verdi distaban mucho la una de la otra. Mi sorpresa fue comprobar que los dos destinos posibles que yo me había planteado estaban muy cerca el uno del otro.
Llegué a la Plaça del Diamant y encontré el bar Índex de Gràcia. Mi estancia en ese bar no fue como yo me había imaginado. Pensaba que pondrían música que me gusta. Rock and roll y algo de heavy de los clásicos de los años 60 y hasta nuestros tiempos actuales. No había música cuando yo entré. Eran las nueve y veinticinco y pensé que quizá era por la hora de solidaridad con el planeta que hubo el pasado sábado día 28 de Marzo de este año entre ocho y media y nueve y media de la noche. Era la hora del planeta y quien quisiera podía apuntarse a esta iniciativa. Pensé que quizá por eso no había música. Llegaron las nueve y media y dos chicos del bar y el camarero pusieron una película. Tocaba película en esos momentos. Así que mi ilusión por escuhar un poco de la música que me gusta se fue al traste. Me terminé mi cerveza y me fui.
De repente me di cuenta que iba a llegar a los dos destinos esa noche. Me fui a Gràcia a ver si echaban 'Los abrazos rotos' o 'El Lector'. Echaban 'Los abrazos rotos'. Decidí no entrar finalmente en la sala. Me imaginé en la sala de cine con la ropa mojada y me entró frío sólo de pensarlo. Opté por irme a casa y cambiarme de ropa.
Lo que aprendí de esa noche: Los dos destinos eran posibles. Ninguno de los dos fue como me los había imaginado. El mejor momento de mi ruta por Gràcia fue una tercera opción que no había barajado: La lluvia mojando mi pelo; el agua mojando mi cara; mi pelo pegado a la cara. Y yo lo sabía. Sabía que llovía antes de salir de casa.
En el próximo capítulo... Mi ruta hacia El Montseny narrada o en audio. Está por decidir.
Hace ya mucho tiempo escribí esta frase. La incluí en una carta que escribí a una amiga de aquella época. Sigo pensando lo mismo. Sigo pensando en Emili Dickinson y en Juan Carlos Onetti; aunque más en la primera. Me pregunto cómo se sentiría para llegar a ese encierro.
Mañana es el Día Internacional de la Mujer. En los suplementos de los periódicos no la han descatado como mujer escritora que vivió un poco al margen de lo que dictaba la sociedad de la época. A mi sí me parece una mujer coraje.
Creo que yo también soy una mujer coraje. Y creo que estoy en esa fase de desarrollar mi creatividad como tabla de salvación. Como la única obligación que siento que tengo para mi misma.
Estoy leyendo un libro de Roberto Schinyashiki. Es un psiquiatra japonés-brasileño. El libro se titula "O sucesso é ser feliz". Sólo está editado en portugués. Se entiende bastante bien. Este señor dice que somos los únicos responsables de nuestra vida y de nuestra creación; que somos los únicos responsables de nuestra evolución. Yo así lo creo también.
Por eso, ahora que empiezo a tomar conciencia de este factor, quiero tener las riendas de mi vida para conducir el barco hacia el destino que siempre ha querido llegar. Es eso, y no otra cosa, lo que realmente quiero hacer.
Emili Dickinson se encerró a los treinta años en su casa y ya no salió. Escribía poemas y enviaba cartas a sus amigos y familiares. La poetisa de Nueva Inglaterra tenía muy presente la muerte en sus textos. Sus poemas no vieron la luz hasta después de su muerte. Algo que sucedía a muchos poetas y escritores de los siglos pasados.
Juan Carlos Onetti decidió escribir desde su cama a partir de un determinado momento de su vida. Bebía whisky y escribía.
La verdad es el aislamiento es el mejor aliado para dar rienda suelta a tu creatividad. Es la mejor manera de acercarte al fondo de ti mismo y establecer una conexión con el universo, como punto de luz que eres.
Yo empecé a escribir poemas con diecisiete años. Todos nacieron del dolor y otros necesitaron alcohol para que se produjera esa conexión de la que he hablado antes.
Ahora apenas escribo poemas. Tengo inactivo el volcán del dolor. Aunque puede comenzar su actividad en cualquier momento. Juan Carlos Onetti escribió "Dejemos hablar al viento". Un cineasta rodó la película "Bajo el volcán". Volcanes y viento. El uno sin el otro no funcionan.
Parece que esta red y yo empezamos a entendernos. Sin hacer nada he podido ver que alguien me sigue y yo también tengo la opción de seguir el blog de alguien. Ustedes se quedarán extrañados y pensarán que siempre ha sido muy sencillo hacer algo así en esta red. A mi siempre me ha resultado complicado diseñar algo aquí que no sea texto, subir fotos y vídeos.
Con un poco de paciencia lograré incrustar en 2009 enlaces a otros blogs. Cómo me gustaría poder hacer eso. Acto seguido; informaría a Fermí que por fin lo he logrado. Pero de momento es un suponer.
Las cosas se han resuelto despreocupándome de ellas. Ya he tenido esa sensación otras veces a nivel informático. No siempre ocurre; pero ya ha sucedido en más de una ocasión. Qué bien. Qué tranquilidad saber que puedo seguir en esta red; ya que llevo casi cuatro años con este blog. Sería una pena dejarlo después de cuatro años de trabajo.
En fin. Aleluya. Cuánto cuesta tener paciencia y lo fácil que es al mismo tiempo tenerla. Bona tarde a tothom.
Estoy en Rio de Janeiro. Llegué el sábado por la tarde. He viajado hasta Brasil este año con una amiga de Alemania que conocí el año pasado en el viaje a Perú. Hemos llegado hasta aquí desde Europa para viajar con un amigo nuestro de este país. Para viajar con Marco.
Estuvimos el sábado y el domingo en São Paulo y el lunes salimos de allí con destino Rio de Janeiro. No me había imaginado así esta ciudad. No me la había imaginado de ninguna manera en especial. Parece una isla. Hay muchos árboles y es una ciudad de costa. Las rayolas del suelo y las aceras son como las ciudades de costeras. Huele a costa. Y la comida es típica de los sitios con mar.
Las personas hacen mucho deporte todo el tiempo. A lo largo del paseo marítimo hay muchas personas corriendo. Ayer por la noche había muchos hombres y mujeres corriendo incluso por la arena de la playa. Todo el paseo y la playa estaban muy iluminados. El mar se veía oscuro. Y sólo se veía la espuma blanca de las olas. Estuvimos todo el tiempo caminando por la Playa de Ipanema. Anduvimos hasta el final y subimos unas escaleras. Desde arriba del todo veíamos como las olas rompían en las rocas. Hubo un momento que una de ellas nos salpicó. Fue bonito y divertido. Hicimos muchas fotos todo el tiempo. Después bebimos agua de coco. Nos dieron el coco con un agujero en el medio y una pajita. El coco no era el típico de color marrón por fuera. Era muy grande y de color verde. Lo de dentro no era de color blanco, como los típicos cocos. Era de color amarillo.
En Rio de Janeiro hay muchas playas. Dos de las más importantes son la de Ipanema y la de Copacabana. Esta tarde hemos pasado en taxi por esta última. Parecía una de esas playas que se ven en las películas. Era como una playa en medio de la selva. Se parecía a algo así.
Hoy hemos estado en Santa Teresa. Es una especie de cerro. Desde allí se veían las casas construídas en la montaña. Se veían las favelas. Despúes hemos estado en un centro educativo. Hemos sacado fotos y nos han dicho que no podíamos hacer eso porque allí viven los niños que estábamos fotografiando y es su casa. Así que hemos borrado las fotos. Yo había fotografiado mucho a una niña con la que había estado jugando y he borrado las fotos. La niña me ha abrazado a la altura de la cadera. Yo la he abrazado también. Cuando nos hemos ido de allí corría el viento y yo lo he sentido mucho ese viento. Lo he notado mucho.
Después hemos estado comiendo un arroz con marisco en un restaurante y después hemos vuelto al restaurante. Hemos conocido a Kasuko. Una chica de Japón que ha estado unos meses viajando sola por Perú, Bolivia, Argentina y Brasil. Mañana vuelve a Japón.
Mañana es el cumpleaños de Marco. Vamos a salir esta noche al bar de al lado del albergue a celebrarlo.
Me han hablado tanto de la peligrosidad de Rio que esta tarde he dado un paseo sola cerca del albergue y me he sentido un poco insegura. Y eso que estoy en la zona cara de Rio. Creo que es porque ayer iba haciendo fotos por la playa y un grupo de chicos me adviritió que guardara la cámara.
Ayer por la noche Heike y yo bebimos caipiriña y Marco bebió margarita. Nos estuvimos riendo mucho antes de irnos a dormir. Nos reimos mucho los tres. Marco nos hace reir mucho.
Me voy a la habitación. Después saldremos. Y antes comeremos algo; espero; porque tengo hambre. Bueno. Yo voy a comer algo de todas formas. Hasta la próxima conexión.
Es el título de un cómic. Estoy escuchando música étnica y me ha venido a la cabeza. Hoy es día 2 de agosto. Los veranos cada vez son más calurosos. Fa molta xafagó (se pronuncia chafugó). Hace mucho bochorno. Eso quiere decir.
Ojalá corra la brisa fresca dentro de poco. Me preocupa esto del calor. El sol cada vez está más enfadado. En unos años quizá sea irrespirable vivir en el planeta; para los que lo habiten. Los residuos urbanos inundan los vertederos de basura. Las bolsas llegan con la materia mezclada. Es mucho trabajo separarlo todo para los que se encargan de esa labor. Muchos materiales no se pueden reciclar o no hay información sobre cómo hacerlo.
Espero que la construcción de edificios no siga ganando terreno al mar y a las costas. Espero que llueva y llueva para no tener que llegar a coger el agua del mar. Si empezamos así, se convertirá en una costumbre y después en una necesidad y acabaremos secando mares y ríos.
Bien. Me despido por hoy con esta preocupación. Hasta la próxima conexión; amigos.